Crónica por una diva



Hace cuatro años, diciembre de 2019, tuve el enorme placer de entrevistar a la bien llamada Diva de dos siglos, la soprano María Eugenia Barrios. Pude acceder al amplio diapasón de su cultura, aprendí de grandes de la música clásica, conocí de los senderos que tuvo que recorrer en una larga vida que ya celebra las 83 primaveras.

Cortesía María Eugenia Barrios

En aquel entonces la maestra María Eugenia brillaba. Era increíble verla hacer cuclillas o levantar una pierna sobre su cabeza formando un ángulo de 180 grados.

Recuerdo su respuesta al reguetón que ponían sus vecinos del barrio de Centro Habana: salía al patiecito y entonaba a capela la Salida de Cecilia Valdés o un aria de una de sus tres óperas favoritas Madama Butterfly, Tosca o La Traviata.

En aquella ocasión me dijo: “Yo nací artista ¿sabes que muchos, sea la modalidad que sea, se fabrican, se moldean, aprovechan sus cualidades, las que son puestas en función de lo que se quiere conseguir? Yo no. Yo nací artista… ¡y lo sigo siendo!

Cortesía María Eugenia Barrios

Me llevé una maravillosa impresión y por eso he mantenido una amistad con esta gran mujer; por eso fui a visitarla hace muy pocos días y, realmente el corazón me dio un vuelco. Ésa no era la maestra que yo conocí y no es por el paso de cuatro años… ¡es por otro motivo!

Para nadie es un secreto el olvido, el abandono, el maltrato que sufren en Cuba los jubilados; ésos que dieron su vida en una cadena inútil de sacrificios y vana esperanza en un futuro mejor.

Dentro de esa masa abandonada hay médicos, profesores, deportistas, artistas… Y esto es lo que le sucede a María Eugenia Barrios, quien tras 64 años de carrera laboral no ha recibido ni siquiera los Premios de la Enseñanza Artística y el de Maestro de Juventudes.

Figuras cercanas a la maestra me han dicho que la depresión, algo muy malo a cualquier edad máxime a la de ella, ha hecho presa en la exquisita cantante.

Los que la conocen de toda la vida aseguran que María Eugenia nunca fue de esos clásicos “guatacas” que se arriman al poder procurando beneficios y prebendas. Recibió la gloria de los aplausos como un regalo del Señor quien, según sus palabras, “le confirió el más bello de los regalos, su voz”.

María Eugenia Barrios nunca recibió nada regalado; ningún camino le fue fácil. Estudió el bel canto al máximo nivel, los más elegantes escenarios del planeta aplaudieron a la egregia cubana. Los numerosos conciertos y apariciones de la Barrios no se pueden relatar “a grosso modo”. Siempre puso en alto el nombre de Cuba, su cultura.

Cortesía María Eugenia Barrios

Cuando se necesitó de ella, asumió el difícil rol de enseñar… ¡Cuántos alumnos de esta mujer han ganado festivales internacionales, cuántos son primeras figuras del arte lírico en todo el planeta!

Durante casi 50 años, la Barrios fue profesora de Canto en la llamada Universidad de las Artes ¿quién se acuerda ahora de esta esforzada, infatigable trabajadora?

Ni en lo Lírico ni en lo Profesoral le han dado el lugar que ella merece. Durante la pandemia, siendo ya anciana, jamás recibió una llamada telefónica indagando cómo estaba, qué necesitaba. Y eso que aún cantaba y grababa la telenovela “TÚ” de Léster Hamlet, ya con 80 años.

Cuando la visité en aquel primer piso de Centro Habana, que a mí me cuesta subir, valoré cómo la maestra podía subir y bajar detrás de mandados. En nuestra charla me confesó haberse jubilado en mayo del pasado año pero que siguió cantando, hasta que la tristeza, las decepciones, el desorden, la indisciplina y mil cosas más la superaron.

La excelsa maestra, muy distante de la de hace cuatro años, me espetó al rostro que estaba tan sumamente deprimida que sólo anhelaba la partida definitiva ¿Pueden imaginar mi sentir, puede alguien quedarse con los brazos cruzados ante este bochornoso olvido, a quién exigir lo que ella, de sobra, ha ganado?

¿Qué más decir de la actitud del gran Plácido Domingo que pidió conocerla, la fue a ver, se retrató con ella porque además de disfrutarla como cantante valoraba a sus discípulos que viven en el extranjero?

María Eugenia Barrios siente la ausencia de su voz en las futuras generaciones porque, sencillamente, ella no tuvo como guardarla y solo a los 70 le hicieron un disco.

Era tan pobre que, por no poseer ni cámara fotográfica ni grabadora, de aquellos primeros momentos en el Teatro Nacional García Lorca, hoy Alicia Alonso, no queda nada, hecho que trae a mi mente lo dicho por el Indio Naborí: “No me duele morir, lo que me duele es no dejar memoria.” Muy lamentable que María Eugenia Barrios, la diva de dos siglos, no tenga memoria alguna para los que vienen detrás.

Algo que pudiera hacerse es dedicar un lugar en el Teatro Nacional para las figuras del arte lírico que tanto prestigiaron la cultura cubana, encabezados por esta insigne mujer así como darle, al menos, una muestra de solidaridad, llamándola para preguntarle: “maestra ¿cómo está?” … algo tan sencillo.

¡Todavía tenemos tiempo!



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