Super tiñosa | ADN Cuba


El rico mundo de la cocina cubana se amplía y se enriquece con el tiempo. 

No importan las malas épocas. Es innegable el ingenio del cubano para encontrar los sabores nuevos, los componentes que acompañarán las novísimas ofertas que llenan el mundo gastronómico nacional de agradables sorpresas.

Lo mismo si es pescado, carne de aves o de mamíferos. Los tiempos imponen inteligencia y osadía. Como el antiguo dicho: “La necesidad hace parir mulatos”. Y también porque “Dios aprieta, pero no ahoga”, la gente quiere sobrevivir y salir adelante, aunque no sepa bien qué cosa es “salir adelante”.

Por eso el habitante de la isla se empeña en romper con lo tradicional, para incorporar nuevas ofertas y burlar así las “afectaciones” a las que obliga el criminal bloqueo. Así que ahora, en la milenaria esencia del pensamiento de la antigua China, donde no se le hacen ascos a nada que vuele, que camine o se arrastre, llega a las mesas cubanas un plato inédito e inaudito: la tiñosa.

La noticia, pura y seca (no la tiñosa, que prometía ser jugosa) es esta: Un cubano residente en Palma Soriano, Santiago de Cuba, cazó un aura tiñosa, la cocinó y se la comió. 

Lo normal era que hubiera sucedido al revés, aunque las auras tiñosas no necesitan cocinar lo que van a comer. Es más, prefieren que la carne no esté cocida, ni haya sido congelada, que es lo que está sucediendo ahora mismo a los seres humanos que la fortuna puso a vivir en Cuba: sin luz y sin petróleo no cocinan ni conservan.

El feliz innovador es un “hombre, que al parecer le dicen “Nene”, reside en Palma Soriano y aparece en las fotos junto al animal, ya muerto, listo para engullir”. Es posible que “Nene” reciba un premio por su aporte, por la resistencia creativa, pero sabe que ya ha entrado al olimpo gastronómico del recetario tradicional. En definitiva, teniendo en cuenta la mala fama de las tiñosas y el presente cubano, es preferible tenerlas en un plato que en el techo del vecino, mirando sombrías.

A partir de la noticia hemos sido muchos los que hemos investigado más sobre esta nueva posibilidad alimenticia, y sobre todo, en el componente esencial que “Nene” disfrutó para recorrer el mundo.

El Aura Tiñosa es un ave de presa carroñera, es decir, que se alimenta de animales muertos en estado de descomposición, su nombre científico es Cathartes aura. Su nombre en inglés es Turkey Vulture, que suena más bonito y atractivo para aparecer en el menú de cualquier restaurante de cocina moderna: Turkey Vulture al horno, Turkey Vulture gratiñado con patatas bravas, Turkey Vultura relleno, así, simple, sin decir de qué iría relleno, para que sea toda una sorpresa. O al natural: fricasé de Cathartes.

El aura recibe también diferentes denominaciones, dependiendo de la zona geográfica por donde vuele: lore gallipavo, buitre pavo, buitre americano cabecirrojo, aura tiñosa, gallinazo de cabeza roja, jote de cabeza colorada, maura, zopilote, pishco o urubú de cabeza roja. Ya con lo de urubú también se le hace a uno la boca agua y califica, junto al lore gallipavo, o el jote, como otras variantes para platos exóticos.

Cuando le preguntaron a este cocinero novedoso y pueblerino demostró estar muy bien informado. “Nene” dijo que su producto era un ave Cathartiformes de la familia Cathartidae. La piel de su cabeza es arrugada como la de la presidenta de su comité, pero menos roja.

Y abundó diciendo que “El aura gallipavo adulto tiene un tamaño de 66 a 81 cm, una envergadura de 173 a 183 cm, de la que son comestibles sus dos metros y pico. Incluso el pico, si se hierve bien para quitarle la peste a muerto. Y lo mejor es que “su área de distribución se extiende desde el extremo sur de Sudamérica hasta el sur de Canadá”. De manera que no habría problemas con su distribución, incluso si se congelaran los ríos canadienses.

Nuestro héroe, “Nene el palmero” pudiera estar ahora mismo elaborando en secreto un libro de recetas, con todos los condimentos que pudieran servir para su descubrimiento. Pero no se ha circunscrito solo a la carne de esa ave que a muchos repugna. Él ha experimentado e ingerido de seguro otras ofertas que brinda la naturaleza. Hay personas “comiendo majá, gato y todo lo que se mueva, un reflejo de la crisis y no precisamente la soberanía alimentaria que pregonan infructuosamente los de arriba”.

Tomemos como ejemplo un alimento más habitual, pero igualmente menos explotado masivamente, que es el gato. El gato es una mascota, pero es también, a su manera, un mamífero independiente y casi salvaje. Es muy suyo, y al ser muy suyo, es también de nadie o de todos, de quien se lo encuentre o tropiece con él. Es similar al conejo. Se va de casa y en ocasiones desaparece sin que sus dueños sepan su destino, porque no recarga los teléfonos de la familia, ni envía remesas. De modo que la carne de minino se suma a la de jutía y la de avestruz, recomendadas por el general Guillermo García en una aparición televisiva.

La única contravención con respecto a que se popularice el descubrimiento de “Nene” es que el aura es un natural controlador de deshechos, un limpiador del medio ambiente. Habría que sopesar qué es más importante o urgente en el presente de la isla: comer o limpiar. Y visto que la basura crece en cada esquina sin que las tiñosas, o lores gallipavos o turkey vultures hagan nada para eliminar la suciedad ambiental, sería mejor dar calorías para el cubano.

Pudiera ser un atractivo turístico. Un aporte que haga Liz Cuesta, la Machi, al horizonte cultural y gastronómico de Cuba: El festival internacional del urubú. Y que sea la oferta principal en el menú de restaurantes de altura, como La Torre, en el edificio Focsa de El Vedado, donde pudieran cazar auras a mano limpia. 

Seguramente “Nene” tendrá imitadores y seguidores, y gente con iniciativa que viaje a Los Andes a traer cóndores a la isla, y enriquecer así la oferta.

Díaz-Canel, “El Encargao”, que siempre anda al loro, es decir vigilante y listo para nuevos problemas que no tengan solución, ha reclamado lealtades y ha dicho que: “Nuestro pueblo, como nos tiene acostumbrado, se mantendrá firme al lado de su Partido y Gobierno, fieles al legado del comandante en jefe y a las enseñanzas del general de ejército Raúl Castro Ruz”. 

Y comiendo auras tiñosas, como nos ha enseñado “Nene”, el de Palma Soriano.

 



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