Obligar a personas sin hogar a ir a campamentos es confinamiento


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Susana Álvarez, voluntaria de Hermanos de la Calle, reza con Amaranta Gómez en NW 17 Street, en Miami, Florida, el viernes 22 de diciembre de 2023. Hermanos de la Calle y miembros de varias congregaciones locales ayudaron a alimentar a los desamparados y ayudaron a las personas a encontrar refugio.

Susana Álvarez, voluntaria de Hermanos de la Calle, reza con Amaranta Gómez en NW 17 Street, en Miami, Florida, el viernes 22 de diciembre de 2023. Hermanos de la Calle y miembros de varias congregaciones locales ayudaron a alimentar a los desamparados y ayudaron a las personas a encontrar refugio.

dvarela@miamiherald.com

No hay una idea fascista flotando en el espacio aéreo republicano que el gobernador Ron DeSantis no respalde.

La más reciente: proyectos de ley que avanzan en la Legislatura de la Florida para permitir acorralar a personas sin hogar del estado y obligarlas a vivir en campamentos vigilados.

Un “trabajo en progreso”, calificó DeSantis el lunes al Proyecto de Ley 365 de la Cámara y al Proyecto de Ley 1530 del Senado, que prohíben a los gobiernos municipales y de los condados permitir que las personas sin hogar duerman o acampen en propiedad pública o derechos de paso. Para ahondar más en la insensibilidad, las medidas permiten a los propietarios molestos por la presencia de personas sin hogar demandar a los gobiernos locales que lo toleren.

DeSantis presenta esta legislación como una forma de “garantizar el orden público, garantizar la calidad de vida de los residentes, y garantizar que se mantengan los valores de propiedad de las personas”.

Pero, en esencia, parece querer ilegalizar a los indigentes.

Calificada de “vanguardista”, la idea es mantener a las personas sin hogar lejos de la vista de aquellos que se ven amenazados y ofendidos por el recordatorio de la difícil situación que atraviesan los menos afortunados.

¿Dónde arrojaríamos a los que no tienen hogar en el sur de la Florida? ¿En los Everglades, plagados de insectos?

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Otro cruel ‘Modelo de la Florida’

Los legisladores y el gobernador están tan orgullosos de sí mismos que ya calificaron a esta forma equivocada de lidiar con la falta de vivienda como “El Modelo de la Florida”.

Pero ordenar que una clase de personas exista detrás de alambre de púas y supervisada por las autoridades en nombre de la “seguridad” se llama confinamiento. Es el encarcelamiento como castigo por no tener hogar.

Es despreciable y recuerda a algunas de las peores atrocidades del mundo.

No, decir eso no es ir demasiado lejos, dada la reciente historia de la Florida.

Legislar contra homosexuales, negros, mujeres, transgénero e inmigrantes —impensable hace solo unos años— es ahora algo habitual en la Florida y otros estados rojos extremistas.

Este hiperenfoque en frenar a la gente que no le gusta a los republicanos —para adaptarse a la agenda de extrema derecha del partido— es una forma de diseñar socialmente una sociedad homogénea.

¿Estamos en la Alemania de 1933?

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Historia de campamentos

Como se gestó el Holocausto debería estar grabado a fuego en nuestra conciencia colectiva. El genocidio no ocurrió de la noche a la mañana. Comenzó cuando los nazis fascistas fomentaron el sentimiento antijudío en Alemania y, entre 1933 y 1945, crearon campamentos y centros de reclusión no solo para judíos, sino también para homosexuales, enemigos políticos de la izquierda y gitanos.

En otras palabras, Aldolf Hitler y sus colaboradores de ideas afines acorralaron a todos los que no encajaban en su fantasía de la raza “aria”. Seis millones fueron asesinados.

El apoyo de DeSantis en aislar y mantener bajo vigilancia a los indigentes también me recuerda al almacenamiento de los japoneses-americanos en campamentos bajo el mandato del presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt. La justificación: el ataque a Pearl Harbor en 1941 en el Pacífico.

Considerado uno de los mejores presidentes estadounidenses de la historia, Roosevelt aparentemente no vio el paralelismo entre su internamiento de japoneses inocentes en Estados Unidos con los campos nazis contra los que luchaba.

En el sur de la Florida, no tenemos que irnos muy lejos en la historia para encontrar otro ejemplo de personas identificadas, acorraladas y encarceladas.

El homófobo Fidel Castro y su camarada el Che Guevara conducían redadas de hombres homosexuales en la década de 1960 y los enviaban a infames campos de concentración UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). Estos machistas creían que “una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista”, como dijo Castro.

Castro también envió a los campamentos de Cuba a los que no apoyaban su mandato y esperaban visados de salida, obligándolos a trabajar sin remuneración en la agricultura. Años más tarde, enfrentó la epidemia mundial de SIDA obligando a las personas seropositivas a ingresar en sanatorios.

Los residentes del sur de la Florida que huyeron de semejante persecución deberían de plantar cara a DeSantis y a los legisladores en este tema.

La pendiente resbaladiza hacia la degradación humana institucionalizada comienza con actos de infamia a los que no se opone nadie y crece fomentando una cultura que demoniza a cierta clase de personas.

En la Florida, la fórmula está claramente establecida.

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Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.”
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