Los elementos básicos que caracterizan una dictadura


LA HABANA, Cuba.- Hace pocos días, Jorge Junior, director del grupo Los Cuatro, radicado en los Estados Unidos, respondió con ambigüedades y sin definir su criterio a un youtuber que le preguntó si consideraba que en Cuba había una dictadura.

Ante respuestas similares, es oportuno aclarar algunos elementos generales que caracterizan a las dictaduras, particularmente a las de tipo totalitario.

El primer elemento es la existencia de un líder absoluto, que rige de forma autoritaria. Este se presenta agigantado para los ojos del pueblo, como un mesías. Suele adoptar poses físicas y gestuales ante sus seguidores y se mantiene un constante culto a su personalidad, por medios propagandísticos que reafirmen su imagen.

Se dio en la Unión Soviética con Stalin, en Alemania con Hitler, en España con Franco, en Italia con Mussolini, en China con Mao Zedong, en República Dominicana con Rafael Leónidas Trujillo y en Cuba, con Fidel Castro.

Estos personajes reciben una denominación que los identifica como guía o conductor de su pueblo. En Italia, para Mussolini, fue “Duce”; en Alemania, “Führer ”; en España, “Caudillo”; y en Cuba fue Máximo Líder y Comandante en Jefe.

Un segundo aspecto importante es el adoctrinamiento de las masas para hacer que el pueblo identifique sus anhelos y los intereses nacionales con el dictador y el movimiento político que encabeza.  

Al personaje capaz de guiar a la nación le atribuyen valores casi místicos y sobrehumanos. En el caso de Cuba, Fidel Castro era como un Dios, que se encontraba en todos los lugares, dirigía, daba órdenes y se mantenía todo el tiempo al tanto de los problemas generales y hasta particulares, con obsesión, sin descansar.

El dictador es adornado con valores propios de una leyenda, que lo sitúen en una posición inalcanzable, convertido en eterno referente para la vida de los ciudadanos.  

Las informaciones son sustituidas con la imagen del dictador, sus frases y discursos, repetidos constantemente a través de todos los medios, que son absolutamente controlados por el Estado, y donde es censurada cualquier otra idea que no sea la del líder, que es infalible.

En las dictaduras hay una constante exaltación de la línea oficial de pensamiento, sin admitir crítica alguna. 

Las comparecencias públicas del líder se acompañan de una liturgia propia de una religión o puesta en escena teatral. Y son frecuentes los desfiles y marchas multitudinarias —como en el caso cubano, las marchas de las antorchas y las marchas combatientes—  para reafirmar el compromiso de las masas con el sistema y su guía.

Algo esencial en este entramado es la existencia de un partido único (antes de la toma del poder se le llama movimiento) como columna básica de la Sociedad y el Estado.

El control total de los medios de producción es otro elemento esencial del sistema. Se crea una conciencia imaginaria de propiedad colectiva.

Se exaltan los símbolos patrióticos y el nacionalismo. En el caso cubano, presentan la revolución de Fidel Castro como la continuación de las luchas independentistas, atribuyéndole un pasado glorioso y conquistas y logros que se deben mantener al precio que sea necesario.                    

El último componente de una dictadura, tal vez el más importante, sea el uso de la fuerza y la represión contra las disidencias. Para inocular el miedo, algo vital para mantener el poder, cuando es necesario se recurre a los encarcelamientos y hasta a la pena capital en casos extremos.

Dictaduras similares a la que hay en Cuba —donde el castrismo ya cuenta 65 años aunque haya muerto Fidel Castro— existen hoy, con algunas variantes, según las circunstancias, en Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, Vietnam e Irán.

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