los 65 años de la lucha del Tíbet contra China


LA HABANA, Cuba.- En marzo de 1959, con un escalofriante saldo de 87.000 muertos y cientos de miles de desplazados a otros países, el ejército chino aplastó la mayor rebelión independentista ocurrida en el Tíbet.

En octubre de 1950, el Ejército Popular de Liberación chino había invadido el Tíbet y obligado a capitular al gobierno de Lhasa. Los comunistas chinos aceptaron el mantenimiento del poder del Dalai Lama, pero en 1956 redactaron una constitución para el Tíbet e implantaron las comunas populares, lo que provocó la rebelión que se inició el 10 de marzo de 1959.

Tras la derrota del levantamiento, el hasta entonces gobernante y líder espiritual, el Dalai Lama, que aún no había cumplido los 24 años, seguido por 80.000 de sus compatriotas, cruzó los Himalayas y se refugió en Dharamsala, al norte de la India, donde creó un gobierno en el exilio.

Pese a las resoluciones de la ONU de 1959 y 1961 que deploraban la ocupación china, el Gobierno de Beijing, en 1965, oficializó su dominación sobre el Tíbet, un país montañoso con una extensión de 1.228.400 kilómetros cuadrados y casi tres millones de habitantes, al declararlo como “región autónoma de la República Popular China”.

La persecución religiosa en el Tíbet ha sido constante durante las siete décadas de dominación china, pero fue particularmente dura durante la Revolución Cultural maoísta, en la segunda mitad de la década de 1960, cuando 2.700 monasterios budistas fueron destruidos.

Con el asentamiento de colonos chinos, la obligatoriedad en las escuelas del aprendizaje del idioma mandarín y el internamiento en campamentos de reeducación de miles de tibetanos acusados de “separatismo”, el Gobierno chino, durante décadas, ha intentado la limpieza étnica y borrar las tradiciones religiosas y culturales del Tíbet.

Tras la muerte, en enero de 1989, de Pachen Lama, el Dalai Lama eligió como su nueva reencarnación a un niño de seis años, pero los chinos designaron en su lugar a otro niño, a quien tuvieron virtualmente secuestrado en Beijing. 

La de marzo de 1959 fue la más sangrienta represión que ha tenido que enfrentar el pueblo tibetano en su resistencia al dominio chino, que ya dura 74 años. Pero no fue la única ni la última. Las autoridades chinas también reprimieron brutalmente las protestas nacionalistas ocurridas en octubre de 1987, mayo de 1993 y las de marzo de 2008, que consiguieron empañar las Olimpiadas celebradas en Beijing en agosto de ese año.

Pero ni la represión china ni hechos tan dramáticos como las varias decenas de  auto-inmolaciones de bonzos que se dieron candela entre 2010 y 2012, han conseguido que Occidente se sensibilice con la situación de los tibetanos. Cuando más, las canciones de los grupos Rammstein y Mecano dedicadas al Dalai Lama, la película de Jean-Jacques Annaud de 1997 Siete años en el Tíbet, el libro del alpinista austriaco Heinrich Harrer en que se basó dicha película y el interés por el budismo tibetano de algunos adeptos de las religiones orientales como Tina Turner y Richard Gere.      

Muchos gobiernos democráticos, para no irritar al muy susceptible Gobierno chino, esquivan al Dalai Lama y se hacen de la vista gorda ante las violaciones de los derechos humanos en el Tíbet, como mismo hacen respecto a los campos de concentración para uigures, la persecución a los religiosos de la secta Falun Gong, los cientos de ejecutados anualmente, los cíber-disidentes encarcelados y las constantes amenazas a Taiwán.    

Más que prestar atención a Tenzin Giatso, el Dalai Lama número 14, encarnación del Buda de la Compasión, Premio Nobel de la Paz, y a los tibetanos que no renuncian a la libertad de su tierra, Occidente prefiere hacer millonarios negocios con los mandamases comunistas de Beijing. 

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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