Londres corona a Núria Espert con un ‘honoris causa’ más allá del escenario “como opositora a Franco”


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“Mi vida ha estado llena de saltos mortales y alguna caída, pero ninguna grave”… A sus 88 años, Núria Espert recibió, con el corazón encogido y los brazos abiertos el honoris causa sin fronteras concedido por la Royal School of Speech and Drama de la Universidad de Londres.

“Resulta paradójico y sin duda especial que me den este reconocimiento”, admitió Nuria Espert, que proclamó su amor “por un país y una ciudad que me acogieron siempre como uno de los suyos” en un emotivo acto celebrado en la embajada española en Londres.

En la memoria de todos, el éxito cosechado en 1986 por la actriz catalana en su “salto mortal” como directora con una versión en inglés de La casa de Bernarda Alba, protagonizada por la mítica Glenda Jackson y distinguida ese año con el Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Londres.

Casi cuarenta años después de aquel gran hito, la capital mundial del teatro ha rendido tributo a nuestra intérprete más universal, por su “versatilidad como actriz”, su “talento multifacético” y a su “visión creativa”, tanto en producciones teatrales como en la dirección de óperas en Covent Garden y en Escocia.

Núria Espert arrancó su dicurso con un homenaje Machado (“caminante no hay camino”) y se despidió por Lorca (“verde que te quiero verde”). La actriz y directora se mostró “muy feliz y agradecida” por el primer honoris causa fuera de nuestro país para la actriz y directora, que atesora más de 180 premios (incluido el Princesa de Asturias de las Artes en el 2016). El premio reconoce también el impacto de Núria Espert “más allá de los escenarios”, como “opositora al régimen de Franco” y por su capacidad para seguir siendo a los 88 años “una figura significativa” dentro y fuera de España.

La rectora del Royal Central, Josette Bushell-Mingo, destacó “el poder y la influencia” de la artista total. “Conocer su trabajo ha sido una verdadera inspiración y una reflexión sobre el poder de una persona para cambiar a muchas, y la fuerza indómita de las artes para contar la verdad”, declaró Bushell-Mingo.

El embajador español José Pascual Marco se refirió a Núria Espert como “una fuerza de la naturaleza” (o “un monstruo”, como diríamos en España) y como “una actriz colosal que no conoce fronteras”. El diplomático rindió tributo a Espert con los elogios que dedicó en su día Rafael Alberti a “la actriz más gentil y agraciada” de España tras verla interpretar la Salomé de Oscar Wilde.

La profesora María Delgado, vicerrectora de la Royal Central, definió a Espert como “la viva encarnación del duende” y destacó su estrecho vínculo con los escenarios de Londres: “En esta ciudad hizo su debut como directora con La Casa de Bernarda Alba en 1986, una producción que -según el dramaturgo Arnold Wesker- sirvió para abrir las puertas del Reino Unido a Lorca”.

Núria Espert iniciaría un año después su estrecha colaboración con la Royal Opera House en Convent Garden, dirigiendo óperas como Madama Butterfly, y después Rigoletto, y La Traviata, y finalmente Carmen de Bizet (con Zubin Mehta, Gerardo Vera y Cristina Hoyos completando el dream team).

En 1996 volvería a Londres, esta vez con su propia compañía, con una versión “incuestionablemente apasionada” (según The New York Times) de Yerma en las celebradas temporadas de la escena mundial del teatro Aldwych. La actriz y directora fue también distinguida en su día con el premio Laurence Olivier y con el premio Evening Standard a la mejor dirección teatral.

El director teatral Peter Sellars se sumó desde lejos al homenaje londinense con un poema dedicado a nuestra artista sin fronteras: “En tu voz/ en tu sonrisa/ en tus ojos/ en tus mano/ el teatro se convierte/ en una pública demostración/ de que es posible/ vivir sin miedo/ de que es posible/ y también necesario/ contar la verdad/ de nuestras historias“.





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