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La desinformación toma fuerza en los contextos electorales y los países latinoamericanos no escapan a este fenómeno global que se muestra como una clara amenaza a la democracia con narrativas que impulsan a la polarización, el odio y la desconfianza al sistema democrático, dijeron expertos.

Las campañas con mensajes engañosos y falsos crecen durante los procesos electorales en los países latinoamericanos, alientan los “ataques a la democracia” y son un abono para la polarización y el odio, coincidieron expertos este miércoles.

En países como Brasil, Argentina, Guatemala, Ecuador, Colombia, con procesos electorales más recientes o en curso, se han visto estas oleadas de mensajes falsos y para el director del proyecto Comprueba, Sergio Lüdtke, «la mentira es más sexy que la verdad”.

Lüdtke está al frente de una iniciativa a la que se han sumado más de 40 medios de comunicación en Brasil para desenmascarar contenidos sospechosos.

A medida que se polariza más una sociedad, las urnas reciben menos votos como efecto directo y medible de la desinformación en el sistema democrático, explicó Lüdtke. “Las elecciones muy polarizadas tienen como efecto menos votos”, apuntó.

El experto, junto a otros más, participó de la primera jornada de la tercera Cumbre Global sobre Desinformación organizada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que junto a otras organizaciones latinoamericanas buscan hacer frente a este fenómeno global.

Uno de los casos más recientes de análisis es Guatemala, donde el equipo de DFRLab, basado en Colombia, detectó cómo a través de cuentas de Twitter -ahora X- y Telegram fluía una «coordinación sospechosa» para imponer la narrativa de fraude electoral «y de ataques» al presidente electo​ Bernardo Arévalo, que ganó las elecciones con más del 60 % de los votos el 20 de agosto, comentó en su participación el investigador Daniel Suárez.

Y esas narrativas se «amplifican en Facebook y otras redes sociales», apuntó.

El reto: identificar la procedencia

Para el académico Silvio Waisbord, ex profesor de la Escuela de Medios en la Universidad George Washington, la desinformación durante procesos electorales en países democráticos debe verse desde varias aristas.

En primer lugar, encontrar la procedencia de esa desinformación para que los esfuerzos para combatirla tengan éxito, porque si no se entiende como funciona la desinformación “es difícil saber que hacer frente a ella”.

Tampoco se puede pasar por alto las fuentes que promueven los mensajes engañosos o falsos durante elecciones, los primeros asomos al problema indican que atrás hay “fuentes que tienen capacidad de crear desinformación a gran escala”.

Aunque a escala global -dijo Waisbord- el volumen de informaciones falsas es diametralmente inferior a las noticias verdaderas no puede subestimarse el alcance por los grados de penetración e impulso que adquieren gracias a las redes sociales.

Redes sociales, algoritmos y perfiles de usuarios

Las grandes tecnológicas y los motores por donde fluye la desinformación también responden a algunas lógicas propias de las nuevas tecnologías y hasta ahora, explica desde Argentina Daniel Dessein, del diario La Gaceta, son en parte responsables de acrecentar las avalanchas de contenidos falsos.

“Las plataformas tienen enorme responsabilidad”, dijo y criticó además como estas se nutren con contenidos confiables creados por los medios de comunicación, mientras atrás pasan sin control otros contenidos engañosos.

Al final del ciclo, apuntó Dessein, las ganancias por publicidad se quedan en las grandes tecnológicas que dejan en desventaja a los medios tradicionales, que tienen además que hacer esfuerzos para publicar verificados y dedicar recursos para un servicio orientación a la ciudadanía.

Por su parte, Waisbord agregó que la lucha para combatir la desinformación en procesos electorales se vuelve más compleja ante “un rol de súperpropagadores” que no podemos pasar por alto que está dirigido y segmentado para audiencias específicas a partir de algoritmos que operan por los perfiles de usuarios.

Cuenta mucho “nuestra conducta digital, la desinformación busca usuarios más que redes”, el problema de fondo es que la ciudadanía “está mal informada”, no sólo de los procesos electorales, dijo.

La trinchera en las salas de redacción

En tanto, Sergio Lüdtke dijo que desde Comprueba establecieron un plan de trabajo muy claro desde las pasadas elecciones presidenciales de Brasil, para tener claridad sobre el escenario en que estaban operando, con raudales de contenidos falsos y engañosos en las redes sociales.

El equipo planeó una cobertura más centrada en las propuestas, el impacto en el país ante la decisión de los electores, y dibujaron escenarios, con lo que los periodistas no debían correr tras cada frase de los políticos, sino hacia ejes concretos de contenido para hacer contrapeso con información útil para las audiencias.

Por ahora los esfuerzos de verificadores siguen siendo válidos, aunque no suficientes ante la cantidad de desinformación que se genera durante las campañas electorales, dijo y alertó que “en elecciones polarizadas, la desinformación puede romper, sólo necesita ser atractiva” y las mentiras durante las elecciones pueden llevar a “decisiones equivocadas” que ponen en riesgo la democracia.



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